En un movimiento estratégico para contener la inflación en los surtidores, las principales empresas petroleras que operan en el país resolvieron alinearse con YPF y congelar el precio de los combustibles por los próximos 45 días. La medida surge tras un acuerdo entre productoras y refinadoras para mitigar el impacto de la crisis energética global derivada de la guerra en Medio Oriente.
Hasta el momento, la nafta y el gasoil acumulan un incremento promedio del 25% desde el inicio del conflicto bélico. Esta escalada llevó a que, por primera vez en la mayor parte del territorio nacional (con excepción de la Patagonia), tanto la nafta súper como el gasoil superen la barrera de los $2000 el litro.
DESACOPLE DEL MERCADO INTERNACIONAL
El núcleo del entendimiento reside en fijar el valor del barril de crudo para el mercado interno en una franja de entre 90 y 100 dólares. Este mecanismo permite desacoplar los precios locales de la cotización del Brent, que actualmente ronda los 110 dólares, evitando trasladar la volatilidad externa al consumidor final.
El convenio establece una «cláusula de estabilidad» bidireccional: no habrá ajustes al alza si el crudo internacional sigue subiendo, pero tampoco se aplicarán bajas si el precio global desciende durante el plazo estipulado de un mes y medio.
MECANISMO ENTRE PRIVADOS
Un dato relevante de este esquema es que se trata de un acuerdo de compensación entre empresas privadas sin intervención directa del Estado. Las compañías buscan así autogestionar la crisis y garantizar el abastecimiento, amortiguando el impacto de un insumo crítico para la logística y la economía familiar.
Con esta tregua en los precios, el sector petrolero intenta dar previsibilidad a una economía local fuertemente presionada por la coyuntura internacional, marcando una hoja de ruta clara para el segundo trimestre del año en materia de costos energéticos.

